Ugo aún estaba muy emocionado por la experiencia vivida. Los días siguientes a su regreso estaba como perdido. Por las noches tenía sueños muy vívidos, tanto, que ayer amaneció debajo del ombú de la plaza.

Decidió descansar, no conectarse a las redes, no hablar por teléfono ni recibir a nadie. Sólo se dedicó a dormir, comer liviano, volar y tejer.

Estuvo muy prolífico estos días: se tejió una bufanda, unos mitones sin dedos y una manta en telar para abrigarse las piernas mientras lee o mira televisón. Y, justamente, cuando estaba frente al telar, una ráfaga de imágenes y palabras se instalaron en su mente: la cara de Francisquito y la zapatería, mezclada con las clases de telar, Nailaridth y Akira Ryu abrazados, la soledad y los amigos, el barrio y la cueva... la vida misma, su vida expresada en pura emoción era lo que había aparecido. 

Respiró hondo, siguió tejiendo y la única imagen que quedó fue la de Nailaridth y Akira Ryu (sus compañeros ocasionales en la cueva). Recién sintió un alivio a su angustia cuando se dió cuenta que representaban mucho más que unos pocos aspectos de su personalidad ¡eran representaciones de su ser más íntimo! y que a medida que se reconocían y reconciliaban, él se sentía más seguro.

Ugo, ahora feliz, se levantó y fue a la cocina a servirse 2 copas de Cabernet (una para la Pachamama y otra para él) y se fue tranquilamente al patio, donde tiene unos sillones en donde suele sentarse a reflexionar y recibir amigos.

Templates by BIGtheme NET