A veces, cuando mi cabeza no sabe cómo pensar una situación, cómo resolver un problema, cómo renovar una esperanza, las que me salvan son mis manos.

Sólo con ponerlas en acción, esos jirones de pensamiento se van aquietando hasta que dejan de dar vueltas como desesperados. Coincidentemente la obra que va naciendo de mis manos se vuelve más prolija, con menos errores, hasta más linda.

Las manos modifican la dinámica que en ese momento se está dando en nuestro cerebro. De alguna manera las neuronas comienzan a bailar al ritmo de las manos. Enfocar la atención en la actividad, mantener el cuerpo relajado, repetir un gesto una y otra vez produce algo así como un cambio en la dinámica de nuestro cerebro. ¡Así es! las manos en acción guían al cerebro, éste empieza a tener más actividad en algunas áreas y menos en otras. A mí me gusta pensar que, cuando pongo en acción mis manos dándole protagonismo a las emociones creadoras, sincronizo todo mi cuerpo... Y esto es una acción de resistencia... ¿resistencia a qué? dirán ustedes. Resistencia, por ejemplo, al deshilachamiento que nos provee la cantidad de mensajes que recibimos del afuera en todo momento y de manera permanente. O a la costumbre de separar(nos) en diferentes categorías: mujer, madre, trabajadora, bloguera, compañera. ¡Señoras y señores! yo soy más que eso y todo a la vez... Bien, cuando tejo, dibujo, hago collage o muñecas, florezco con todas esas categorías y con MI armonía.

No necesito tener un proyecto concreto, se trata de mover las manos, el cuerpo y así ir reencontrándome conmigo  misma, sin condicionamientos del afuera. Y eso es algo que valoro mucho en estos tiempos que corren.

¡Gracias manitos por estar y acompañarme siempre!

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