Tejer es técnica, belleza que se produce mediante gestos que van anudando (punto a punto) el hilado hasta llegar al último punto... Ese que sostiene toda la pieza. Y a partir de algunos gestos simples, aprendidos de generación en generación, podemos lograr una variedad enorme de puntos.

Si no me creen, le podemos preguntar a Ugo Lando y pedirle que nos cuente qué le pasó en una de sus primeras clases de tejido, cuando le dijo a su profesora que sólo sabía hacer dos puntos.

(Hacer clic en la imagen de Adara y Ugo tejiendo)

En los distintos espacios de taller he notado que muchas personas se acercan diciendo que no saben tejer o que sólo saben "tejer para arriba y para abajo". Muchas veces llegan a clase con algún patrón encontrado en internet o simplemente una foto de lo que quieren hacer (sin indicaciones de cómo realizarlo). Me pregunté cómo ayudarlas/os a recorrer el camino de manera autónoma y fortaleciendo su capacidad de crear y resolver situaciones inesperadas que se presentan al tejer. Así formulé un modo de aprendizaje en el que, a partir de los saberes de cada persona vamos reconstruyendo el camino hacia el gesto más simple que nos permite tejer una prenda, en el caso de que no sepan absolutamente nada acerca del tejido (una situación que no es muy frecuente), partimos entonces desde el gesto más simple. Las técnicas usadas son variadas y dependen de cada participante del taller quien elige qué proyecto se compromete a realizar.

Con el tiempo propongo empezar a transitar una historia del tejido que nos permite comprender la importancia que tiene el arte textil en general, en nuestras culturas desde hace miles de años. Este recorrido también nos permite "insertarnos" en el largo linaje de productores de tejido.

Tejer nos hace bien, favorece la atención, calma la ansiedad y también es un hecho cultural e identitario que nos fortalece como personas.

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