Empecemos por las Moiras... Su nombre significa "la porción asignada”.

Atendiendo a una de sus genealogías son entidades preolímpicas hijas de Nicte (la Noche), por tanto deidades antiquísimas y primordiales en la mitología griega. Son tres hermanas: Cloto ("La Hilandera"), la que hila y preside los nacimientos, Láquesis ("La Suerte"), la que devana y es patrona de los matrimonios y Atropos ("La Inflexible"), que corta el hilo de la madeja cuando nos llega la hora, siendo su dominio la muerte.

Las Moiras (sus correlatos romanos son las Parcas) actúan como señoras del devenir y velan para que éste se cumpla. Cloto se ubica en la puerta de entrada del cosmos, y preside los alumbramientos de todos los seres, su acceso a la vida, a la manifestación, y por tanto a la idea de la caída con la que se apareja, a la de la encarnación, la solidificación y el consecuente alejamiento de la esencia espiritual. Láquesis preside las indefinidas alianzas a todos niveles que acontecen en el seno del Ser: con el hilo que devana realiza los matrimonios entre lo celeste y lo terrestre, lo divino, lo humano y lo infrahumano, o sea, teje la malla cósmica y sus múltiples relaciones y vinculaciones, tanto descendentes como ascendentes, así como las que se expanden en los planos horizontales. Y finalmente, Átropos, abre y cierra la puerta de la muerte, que simboliza la salida del Cosmos y la entrada a la Eternidad, cerrando el ciclo vital.

La importancia de estas divinidades en la comprensión del Universo radica en que, justamente lo infinito es innombrable, inabarcable, ilimitado y su posibilidad de la limitación viene de la mano de los atributos que estas diosas ponen en juego para “organizar” ESO ilimitado dándole un sentido, un principio y un fin, aparece un relato que tiene un preciso lugar para nosotros, los humanos. El Cosmos es ese Todo organizado, armónico y limitado... igual que nuestras existencias. El recuerdo de la finitud de nuestras vidas nos ordena en una historia con principio y fin.

Una de las principales diosas relacionada con esta función constructora o cosmogónica es Atenea (Minerva en la mitología romana), nacida de la cabeza de su padre Zeus (Júpiter para los romanos), la cual es símbolo de la Sabiduría y la Inteligencia divina, además de regir muchas de las artes y ciencias cuyo desarrollo, escenificación y práctica han organizado la vida de nuestra civilización, siendo también la patrona de la guerra, pero no tanto en el sentido de lucha violenta, sino como estrategia y práctica de la justicia. En relación al tejido, Atenea era, para los griegos, la que inventó el primer telar (de hecho el primer telar vertical habría sido inventado en la antigua Grecia. El mismo fue representado en numerosas vasijas de la época y pinturas posteriores). Atenea creando el telar y enseñándonos las artes del hilado y del tejido nos concede la posibilidad de modificar la naturaleza, de unir lo cósmico con lo mundano, lo eterno con lo mortal. Lo sensible se une al intelecto y así recreamos “el arte constructivo del universo”. El artesano pone su alma en la materia.

Ilustración: El Triunfo de la Muerte o Los Tres Destinos. Tapiz flamenco de alrededor de 1515.

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