"Las fiestas, y las celebraciones en general, estructuran el tiempo de una cultura y lo organizan. Sin ellas todo sería un fluir continuo y amorfo." (María Angeles Díaz)

Pertenezco a una generación que tuvo una niñez sin carnaval. Por disposición de la última dictadura cívico-militar (1976-1983) en Argentina se eliminaron los feriados de carnaval y con esta prohibición, se intentó eliminar la posibilidad de divertirnos juntos, sin importar el origen social de cada uno, en un espíritu de transgresión colectiva en donde lo irreverente tenía su lugar para expresarse. Como no puede ser de otra manera, esta celebración mítica, arquetípica sobrevivió a las prohibiciones de los humanos. Y actualmente tenemos nuestros feriados de carnaval (desde el año 2011). 

Las celebraciones -todas- producen un corte en nuestro trascurrir cotidiano. Cada tanto tenemos la posibilidad de hacer algo diferente (incluso de ser diferentes). Las personas dejamos a un costado las discusiones y diferencias para entregarnos a jornadas de comilonas, bebidas, nocturnidades, juegos en grupo, canciones y risas.

"Toda mitología, sea popular o culta, preserva la iconografía de una aventura espiritual que los seres humanos han realizado una y otra vez durante siglos y que cuando ocurre revela unos rasgos tan constantes que las innumerables mitologías del mundo se parecen entre sí como dialectos de un único lenguaje." (Joseph Campbell). Por eso mismo es que celebrar mantiene viva la memoria (la de una y la de la humanidad)

El carnaval, esa fiesta que está entre Navidad y el Miércoles de Ceniza en realidad condensa muchas festividades más antiguas que el cristianismo, y tiene su origen en tradiciones paganas cuando los distintos pueblos estaban en una relación más estrecha con el cosmos.

Representa un tiempo sin tiempo, un momento de liberación de la emoción y el cuerpo. En carnaval podemos ser quienes querramos, sin preocuparnos por los condicionamientos sociales. Se exalta lo bizarro, lo grotesco, la inversión de roles está a la orden del día. Díaz dice que "desde el punto de vista simbólico, se trata de un espacio creado para que lo invertido y oscuro que llevamos dentro salga a la luz y exprese y concluya así su ciclo". Liberando ese aspecto de nuestras existencias es posible el renacer...y, agrego, la expreción de ese "lado oscuro" nos hace más humanos. Es en este tipo de festividades que rendimos culto a Dionisios.

Dionisios es el único dios del panteón griego portador de la locura. Desde su origen, el mito nos habla de ella: Dionisios, hijo del poderoso Zeuz y de Perséfone (la reina del mundo subterráneo), fue atraído por los Titanes, siendo un niño pequeño, quienes lo desmembran y lo devoran. Afrodita puede recuperar su corazón, se lo lleva a Zeuz el que hace dos cosas: se come el corazón de Dionisio para volver a darle vida y envía un rayo que reduce a cenizas a los Titanes. De esas cenizas los dioses crearon a la humanidad... por eso portamos la divinina procedencia de Dionisios y el poder destructivo de esa misma divinidad.

La oscuridad, aquello habitualmente negado, sancionado, sale a la luz. Lo reconocemos por unos días, le permitimos expresarse para luego volver a "guardarla" dentro nuestro para seguir con nuestras vidas cotidianas hasta la próxima celebración.

En el linaje carnavalesco también están las bacantes de Dionisios, las lupercas romanas (esas sacerdotisas relacionadas con las vestales, ellas eran cuidadoras, nodrizas, maestras, brujas), las celebraciones egipcias al dios Apis, los vascos con su Otsoa Bilk (celebración en la que se rinde homenaje al lobo para saciarlo, en una metáfora de no descuidar ese lado oscuro y mantenerlo controlado), por lo que he visto hay mucha cofradía de mujeres e ideas de renacimiento en la historia de los ritos de carnaval.

Me gusta escuchar los tambores de las murgas del barrio ensayando, empiezan a la tardecita y ese ritmo mezclado de calor me conecta con una alegría carnavalesca que no tuve de niña. Intento recomponer el lazo con esa fiesta a la que me enseñaron a desvalorizar. Este año decidí honrarla con un adorno que representa lo que para mí es el carnaval... tejiendo porque tejer es una forma de unirme a lo más humano que poseo, la conciencia de que producimos cultura entre todas y todos... a lo largo de nuestra historia como especie. 

Esta vez no hay un patrón a seguir porque siento que lo importante hoy, es dejarse llevar, no seguir un patrón hacho por otr@. Carnaval es el permiso de ser nosotr@s mismos sin preocuparnos por si es correcto lo que hacemos.

 

 

 

Imagen: Fotografías de Aída Calderoni, mi madre, cuando participaba de los carnavales.

Bibliografía:

Templates by BIGtheme NET