Hace ya más de 10 años que tejí el primer saco para mi hijo y para mí tiene tanta vigencia como si aún lo estuviera tejiendo. Lo conservo con mucho cuidado y a veces lo miro, lo acaricio ¡y me asombro de lo mucho que ha crecido el niño!. Es que tejer para mi hijo es también tejerme a mí misma...

 

En cuanto nos enteramos que sería un varón decidimos el nombre que llevará toda su vida, decidimos la decoración de su cuarto, qué detalles de la crianza eran importantes para cada uno de nosotros... poco a poco su vida "fuera de la panza" se volvía más y más concreta. Y así empezaron a surgir ideas para hacer sus primeras sábanitas, una hermosa manta en patchwork, un muñeco suavecito (que, debo reconocer, fue mi favorito pero no el suyo) y un saquito verde con una guarda (que hacía juego con un chaleco que tejí para el padre).

Desde el principio supe que lo iba a usar unas pocas veces y disfruté mucho hacerlo. Tejía cuando volvía de la oficina, sentada en la cama y mirando alguna cosa en la  televisión... y así un par de agujas número 3 , en manos llenas de ganas de abrazar a ese bebé, son capaces de producir un simple acto de amor.

A lo largo de las horas que me llevaron tejer ESE saquito me fui imaginando cómo sería ser madre ¡y la imaginación es algo muy importante! Al imaginar nos preparamos para nuevas habilidades, es como si dibujáramos un mapa de la realidad que nos tocará vivir, un boceto que iremos completando a medida que recorremos ese nuevo camino.

Ser hija no fue cosa fácil; ser madre, tampoco. Esa relación con otro diferente y complejo, con necesidades y riquezas diferentes de las mías, me ha llevado a tener que trabajar aspectos tan profundos de mi personalidad que cambiaron mi manera de ver el mundo.

Ahora soy más práctica, tengo más paciencia, elijo a quién proteger, soy conciente de mis carencias, de mis debilidades y también de mis fortalezas. Siendo madre profundicé mi ser como tejedora... ahora soy plenamente conciente que los sueños se materializan y, cuando lo hacen, cobran vida... ya no son como los imaginamos... ¿Vieron cuando deciden hacer algo y no les sale cómo lo plenearon? Bien, en esos casos podemos sentirnos frustrados o comprender que cuando el sueño sale de nuestras cabezas y corazones, cuando se vuelve real, empieza la tarea de ir encontrándole la vuelta a las dificultades que se presentan... Sí, claro, igualito que con un hij@... en la panza es perfecto cuando sale ¡es real! y de a poco nos vamos conociendo y apoyando.

¡Y por supuesto que guardo el primer abrigo que me hizo mi madre! Ella lo hizo mientras estaba embarazada, con un trozo de tela que compró y un poquito de piel que le sacó a un abrigo que tenía. Como nací en enero, no creo haberlo usado mucho que digamos, pero ese abrigo con poco uso me recuerda que los más grandes tenemos que cuidar de los más pequeños, sin esperar que necesiten  nuestro cuidado siempre ni en todo momento. Me recuerda que mi maternidad es brindar contención para que un día recorra su propio camino.

 

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